¡Y el vicepresidente se hartó!

Por Susana Roca E. – Comunicadora 

El día de hoy ha quedado evidenciado nuevamente, esa falta de compañerismo y de unión que debe existir en la fórmula presidencial, pero que en ésta dejó de existir desde la misma campaña electoral. Desde hace meses atrás se hicieron públicos los rumores que desde aquel día en que Alejandro Giammattei salió por primera vez ante las cámaras a celebrar el triunfo presidencial, casi que lo hizo en solitario porque el vicepresidente ya se había
arrepentido porque ya se percataba que el trabajo en conjunto no sería posible con un personaje como el que le acompañaba.
Castillo ya había convivido con el irreverente carácter del presidente y posiblemente con el hombre de confianza de éste. Sabía que los días por venir serían difíciles y quizás hasta frustrantes. Muchas veces fueron las que dejó en solitario al presidente, manifestando el desacuerdo en las decisiones tomadas por Giammattei.
Fue uno de los primeros en pedir el veto del presupuesto aprobado por el Congreso, pero no fue escuchado, cómo seguramente, muchas veces antes. Y hoy, tras la conferencia ofrecida por Giammattei en la que en conjunto con el equipo ministerial avalándolo, salió a apoyar y aprobar el abusivo presupuesto de la nación, justificando la aprobación del legislativo, el vicepresidente llegó al límite y ofreció su propia conferencia para informar de sus exigencias al presidente.
El vicepresidente indicó que el presupuesto 2020 puede ser readecuado en enero para que responda a eficiencia y transparencia, siendo austeros para no caer en más endeudamiento y que así se lo ha pedido claramente al presidente.
Le ha solicitado al presidente que se desintegre el Centro de Gobierno, por la fuerte exigencia ciudadana y porque es una estructura que le está generando gastos extraordinarios al país cuando el presidente mantiene comunicación directa con todos los ministros para realizar las coordinaciones necesarias.
Otra de las cosas que el vicepresidente le ha requerido a Giammattei es la revisión de la estructura de funcionarios actuales y pedirles que todos pongan sus cargos a disposición de la presidencia, sometiéndose a una evaluación de sus resultados y dejar fuera a aquellos que son cuestionados.
También le ha pedido al presidente un mayor acercamiento con los diferentes sectores de la población y un mayor diálogo que permita una escucha atenta y que las políticas públicas estén sustentadas con ello, involucrándolos en la toma de decisiones.
Castillo aprovechó para denunciar públicamente que su deseo y petición ha sido trabajar juntos y que las decisiones sean en conjunto, hasta el día de hoy no ha sido escuchado y por ello, le ha manifestado al presidente que por el bien del país, presenten en conjunto su renuncia por el bien del país y para desvanecer esas ideas de que él quiere quedarse con su puesto. Fue enfático al decir que él sí quiere ser presidente pero no sustituyendo a alguien que evidentemente ha hecho las cosas mal. Pero sólo, no va a renunciar.

Su posición la dejó clara, o se sientan y trabajan en conjunto cómo gente profesional o renuncian los dos dejando el espacio para que un grupo liderado por las iglesias, católicas y evangélicas, sean quienes envíen al legislativo las ternas para nuevos mandatarios.
Es realmente lamentable que en 10 meses Giammattei haya sido capaz de arruinar el país y hasta las relaciones laborales más cercanas como lo es, la relación con su vicepresidente.
¿Qué hará Giammattei ahora? ¿Será capaz de anteponer los intereses del país que lo eligió como su presidente y empezará a mantener él a Miguelito, poniéndose a trabajar en serio con el vicepresidente?

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