Los procesos mal hechos ceden, cuando la verdad sale a la luz

Por Susana Roca E. – Comunicadora

Muchos de los guatemaltecos se han enterado en los últimos días que en Guatemala hay un artista llamado Christian Escobar, alias Chrispapita, quién saltó a la luz pública cuando se dio a conocer que el Ministerio de Cultura y Deportes, a través del Viceministro de Cultura y Deportes, Cristhian Calderón Santizo lo había contratado para una obra por la que le pagarían 1.3 millones de quetzales.

Posterior a ello, la ciudadanía usó las redes sociales para manifestar su descontento, así como otros artistas y personalidades de la vida pública.

Calderón explicó que tomó la decisión en conjunto con el artista, Christian Escobar, quien ya recibió un primer pago por Q 434 mil y los cuales prometió reembolsar.  Aunque la cartera de cultura no pudo con la presión y los cuestionamientos ciudadanos y este martes en conferencia de prensa anunció que el contrato será rescindido.

Situación que no se daría, si los funcionarios responsables tuvieran la certeza y la tranquilidad de un proceso bien hecho y apegado a la ley.  El viceministro indicó que se ha atentado en contra de la estabilidad e integridad emocional del artista, pero quien nada debe nada teme.

El artista por su parte se quejó de ser difamado, pero lo que se ha dicho en redes sociales es que es poco conocido, no hay evidencia de su trayectoria, aunque el artista afirma que de 15 exposiciones que ha hecho, 9 han sido en el extranjero.  Se ha mencionado que siendo pequeño contribuyente está facturando millones, a pesar de que al parecer tiene omisos en la SAT.

La verdad es que, si el objetivo era inmortalizar la historia del bicentenario, bien podrían invitar a los artistas guatemaltecos que seguramente por mucho menos presupuesto también harían una extraordinaria demostración de su talento.

Si como profesional, el artista hubiera tenido la certeza de que el proceso está bien hecho, en este momento podría estar demandando al Estado por rescindir un contrato y no estaría prometiendo devolver el anticipo recibido.

La realidad es que el viceministro de cultura fue incapaz de dar un solo argumento válido en la conferencia de por qué se eligió a este artista, sin realizar concurso ni licitación.  Pero, no queda más que esperar que el contrato sea rescindido y que los funcionarios de Giammattei aprendan que hasta para burlar la ley, hace falta inteligencia y saber hacer bien las cosas.

 

 

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