Difícil momento presidencial

Por Susana Roca E. – Comunicadora 

Sin dudarlo, este gobierno ha tenido frecuentemente crisis en sus 10 meses de gestión, pero actualmente vive uno de sus peores momentos. Y es que un mandatario que luchó durante aproximadamente 20 años para llegar al puesto y con un carácter y una personalidad como la de Giammattei, no debe ser fácil aceptar el rechazo de todo un país.
Su credibilidad ya estaba por el piso antes del último fin de semana, pero hoy, está aún más debilitada.
Y es que ante la exigencia de una plaza y la población volcada en redes sociales exigiendo su renuncia, el presidente parece estar solo. Peleado con su compañero de fórmula enfrenta los rumores de reuniones clandestinas con miembros del legislativo, un equipo ministerial que sale en escena pero totalmente callado cómo cuándo el trabajador hace ciertas cosas solo por el salario. Un amigo entrañable que en vez de ceder y ayudar, confronta.
Todos conocemos ya el efervescente temperamento del presidente, quien decidió en un intento por reivindicarse, invocar la Carta Democrática Interamericana y es que sabemos que para una persona como él, ceder, doblegar el orgullo y buscar un diálogo, sin las palancas necesarias, es complicado. Hay cosas que ni siendo el presidente de un país, se pueden hacer.
El G13 dijo NO y llamó al gobierno a respetar los derechos ciudadanos y buscar la conciliación nacional. Las organizaciones, convocadas en teoría, y digo en teoría porque alguna de ellas manifestó oficialmente estar en el listado pero no haber sido convocada a la mesa del diálogo, mientras que otras de las invitadas declinaron su participación, aduciendo que no creen en una verdadera intención de querer hacer mejor las cosas, evidenciando
una vez más, la poca credibilidad del mandatario.
Deben estar siendo días difíciles para el presidente, esos momentos en que el mundo dice NO por dónde se vaya y sin un equipo de apoyo que salga a dar la cara por él, para defenderlo. Hoy Giammattei debe estar sintiendo que no es lo mismo llamarla que bailar con ella, como reza un dicho popular y es que era fácil hace un tiempo, pararse frente a una cámara y decirle al presidente de turno, cómo gobernar; debió ser muy fácil criticar y exigir…pero los roles han cambiado y hoy le toca a él ser el criticado, él señalado y a quién le exigen ya ni siquiera un mejor trabajo sino tajantemente que renuncie al sueño por el que tanto luchó.
¿Le habrán servido todos esos años para prepararse para el nivel tan alto de presión o terminará cediendo ante las exigencias ciudadanas?

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